
Así como la Lengua Internacional se extendió rápidamente, para llegar a ser no sólo la lengua del Dr. Zamenhof o del Dr. Esperanto, sino la lengua auténticamente internacional Esperanto, la reputación de Shakespeare y el conocimiento de sus obras se extendió más allá de Stratford y Londres, pasando a ser patrimonio del mundo anglófono en su conjunto, y finalmente, patrimonio de todo el mundo, gracias a las traducciones. Al mismo tiempo que esa expansión, surgen sin embargo interrogantes sobre la identidad de ese hombre de Stratford. En verdad, no escasea la evidencia sobre la vida y la carrera de Shakespeare. Por otra parte, las prácticas del teatro de la época eran tales, que a veces es difícil saber quién fue el autor de qué, y en esto las obras de Shakespeare no son una excepción. Una tradición continua de representación de Shakespeare se mantiene desde sus días hasta hoy. Su fama está ligada también a la expansión de la lengua inglesa, y aún hoy en día se usa para probar la superioridad del inglés. Sin embargo, en el siglo diecinueve sus obras cruzaron definitivamente las barreras lingüísticas y comenzaron a circular en un medio totalmente políglota. El hecho que Zamenhof probó la eficacia del Esperanto remitiéndose a una obra en inglés, Hamlet, su primera traducción grande, muestra la compleja relación entre status y lengua: paradójicamente, para ganar reconocimiento hacia la lengua internacional, fue necesario remitirse a la lengua nacional más difundida. ¿Debemos entonces considerar a las obras de Shakespeare como una manifestación de imperialismo lingüístico o de la universalidad de los valores humanos? Ciertamente, Shakespeare penetró la conciencia global, mediante traducciones; en este sentido acercó a las culturas, haciéndose parte de la herencia del mundo y del hombre, en su conjunto.